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Alfonso Rodríguez de Rivas, ganador del VIII Premio de Diseño ANFACO
Premio diseño ANFACO

«Pensar que algo que empezó siendo una idea en mi ordenador puede acabar formando parte de la vida cotidiana de otras personas me hace mucha ilusión.»

Alfonso Rodríguez de Rivas (Madrid, 2004), que actualmente finaliza el bachelor en Diseño Multimedia y Gráfico en UDIT, ha sido el ganador del VIII Premio de Diseño ANFACO, un certamen que cuenta con nuestro apoyo y que se ha consolidado como una plataforma de referencia para el talento emergente en el diseño gráfico.

Esta edición ha registrado una alta participación, con 203 candidaturas de jóvenes de 19 nacionalidades y 26 escuelas y universidades. El proyecto ganador, titulado «Todo encaja», ha sido valorado por el jurado por «el alto impacto visual de la propuesta, basada en el contraste entre blanco y negro como recurso gráfico principal».

Este diseño protagonizará el estuchado de las latas que se emplearán en la campaña de promoción del consumo de conservas de pescado y marisco «Cata la Lata» durante el próximo año. Consulta las propuestas finalistas en este catálogo digital.

 

ANFACO

Hablamos con el ganador del concurso, Alfonso Rodríguez de Rivas

Alfonso Rodríguez de Rivas ha desarrollado durante los últimos años un especial interés por la dirección de arte, el branding, el diseño 3D, el diseño tipográfico y la experimentación con código, siempre buscando proyectos con una base conceptual sólida y una estética atemporal. Recientemente realizó prácticas en Mateo&Co, estudio especializado en comunicación gastronómica, y ha sido seleccionado junto a su equipo en los Premios Laus por un proyecto editorial desarrollado durante la carrera.

 

¿Qué ha significado para ti ganar el Premio de Diseño ANFACO?

La verdad es que fue una sorpresa bastante grande. Cuando te presentas a un concurso así siempre tienes ilusión y piensas que tu propuesta puede funcionar, pero nunca esperas realmente ganar. Para mí ha significado mucho porque es de las primeras veces que veo cómo un proyecto sale del ámbito académico y tiene la posibilidad de convertirse en algo real.

Pensar que algo que empezó siendo una idea en mi ordenador puede acabar formando parte de la vida cotidiana de otras personas me hace mucha ilusión. También me ha dado confianza para seguir trabajando, seguir aprendiendo y seguir apostando por ideas que quizá al principio no son las más evidentes.

 

¿Puedes contarnos un poco sobre tu diseño ganador y qué te inspiró a crearlo?

La idea nació a partir de un libro que tengo en casa de mi padre desde hace años, La magia de M. C. Escher. Siempre me han fascinado sus teselaciones, sus ilusiones ópticas y esa forma que tenía de construir patrones infinitos donde unas formas se transforman en otras casi sin darte cuenta.

A partir de ahí empecé a pensar cómo podía llevar ese lenguaje visual al mundo de las conservas. Me parecía interesante relacionar los animales marinos y los productos del mar con tradiciones, personajes o costumbres ligadas a Galicia.

Así surgieron tres teselaciones diferentes, una para cada producto. En los mejillones aparece una figura inspirada en quienes los recogen en las rías gallegas; en las sardinillas, una figura inspirada en las Maruxainas; y en el atún, una mujer con una cesta que representa esa costumbre de ir al mercado a comprar producto fresco.

Lo que más me interesaba era que cada lata tuviera una pequeña historia detrás y que el diseño no se quedara solo en representar el producto de forma literal.

 

¿Cómo fue tu proceso desde la idea inicial hasta el resultado final?

Empecé investigando bastante. Miré diseños de latas, packaging contemporáneo, propuestas ganadoras de otros años y estilos visuales actuales para entender qué se estaba haciendo y qué podía aportar yo de diferente.

Después busqué información sobre los propios productos, sobre cómo se recogen los alimentos que luego se envasan y sobre historias, tradiciones y curiosidades relacionadas con Galicia. Me interesaba que los diseños tuvieran algo de profundidad y que no fueran simplemente patrones decorativos.

Cuando ya tenía claro el concepto, empecé a pensar qué tipo de teselación tenía sentido para cada lata. Las sardinas, al ser más alargadas, me pedían un patrón más vertical, casi como filas, relacionado también con la forma en la que se colocan dentro del envase. Los mejillones funcionaban mejor con una repetición más compacta y circular. Y el atún acabó desarrollándose como una especie de trenza visual basada en el gesto de nado de los peces.

Fue un proceso de muchas pruebas, cambios y descartes hasta conseguir que los tres diseños funcionaran por separado, pero también como una misma colección.

 

¿Qué consejo le darías a otros jóvenes diseñadores que están empezando?

Probablemente les diría que no se dejen llevar demasiado por las tendencias. Ahora mismo es muy fácil abrir TikTok o Instagram y encontrarte veinte vídeos sobre el estilo gráfico del momento, las tendencias del año o lo que supuestamente tienes que hacer para destacar.

Creo que está bien mirar lo que ocurre a tu alrededor, pero intentaría no diseñar solo pensando en eso. Para mí es importante intentar ir a la raíz de las ideas y buscar que los proyectos sean lo más atemporales posible. Un diseño tiene que estar bien construido, bien justificado y aguantar el paso del tiempo. No tendría sentido hacer algo que al mes ya miras y piensas que se ha quedado viejo.

También les diría que investiguen cosas que aparentemente no tienen nada que ver con el diseño. Cualquier cosa puede servir para construir una idea: un libro de biología, de física, un proceso industrial, un dato histórico, una imagen antigua, un artículo o una curiosidad que encuentras por casualidad. Muchas veces una referencia que parece alejada del diseño acaba siendo justo lo que da sentido a un proyecto.

 

¿Cómo valoras que entidades como ANFACO-CYTMA y la Fundación Banco Sabadell apoyen y visibilicen el talento joven?

Lo valoro mucho, sobre todo porque cuando estás en cuarto y estás a punto de terminar la carrera es normal sentirte un poco abrumado con el salto al mundo profesional. Llevas años haciendo proyectos, aprendiendo y dedicando muchas horas, pero muchas veces no sabes realmente si lo que haces tiene valor fuera de la universidad.

Por eso creo que iniciativas así ayudan mucho. Te permiten enseñar tu trabajo a gente que ya está dentro de la profesión y ver cómo lo reciben. En mi caso, por ejemplo, ganar este premio me ha dado bastante confianza para pensar que voy por buen camino.

También creo que hay mucho nivel entre los jóvenes diseñadores, pero no siempre hay oportunidades suficientes para mostrarlo. Además, un apoyo así, tanto por la visibilidad como por la parte económica, puede ayudar bastante al principio, ya sea para seguir formándote, pagar herramientas, licencias de programas o simplemente sentir que tu trabajo se está valorando.

Y creo que también ayuda a tratar un problema que sigue existiendo en España: la desvalorización del diseño. A veces parece algo secundario, cuando en realidad estamos rodeados de diseño constantemente, aunque muchas veces ni nos demos cuenta.

 

Premio diseño ANFACO

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